Frida, la cantante del grupo Abba, uno de los veinte mil niños procreados para Hitler

Un año después de la publicación de su primera novela, “Los hijos del Führer” (LibrosLibres, 2012), Francisco Javier Aspas vuelve con su segunda novela, “La casa del bosque de Marbach”, una historia que aborda uno de los asuntos más polémicos y discutidos de la Alemania nacionalsocialista: el programa Lebensborn y el proyecto de selección racial nazi.

“Parte de esta tragedia, la conocimos cuando Frida Lyngstad, componente del grupo Abba y una de las más célebres niñas Lebensborn, se decidió a revelar su historia. Frida contaba cómo ella y su madre tuvieron que huir de su Noruega natal a Suecia para escapar de la persecución”, señala Aspas. “Su único delito consistió en nacer en el lugar equivocado, en la época equivocada. Sin embargo, han tenido que vivir toda su vida con el estigma de ser considerados “los niños del nazismo”.

Hablar con Aspas, que se ha documentado a fondo al escribir “La casa en el bosque de Marbach”, permite profundizar esta desasosegante novela y ahondar en las claves del controvertido programa Lebensborn.

– ¿Cómo y cuándo se te ocurrió escribir esta novela?
– La idea de “La casa del bosque de Marbach” me surgió mientras preparaba la documentación para mi primera novela, “Los hijos del Führer”. En ella contaba la historia de un niño fanático de las Juventudes Hitlerianas. Fue al investigar sobre la rama femenina de las Juventudes, la BDM o Liga de Muchachas Alemanas, cuando tropecé con la historia de las chicas que ingresaron voluntarias en las maternidades Lebensborn para, según sus propias palabras, “ofrendarle un hijo al Reich”.

»Esto sucedió a partir de 1940, en lo que podríamos denominar una segunda etapa de Lebensborn, un año después de que comenzara la guerra y de que Heinrich Himmler mostrara su preocupación pública ante la buena sangre aria que se iba a perder en los campos de batalla y apelara a la buena voluntad de aquellas jóvenes militantes nacionalsocialistas que estuvieran solteras y en disposición de concebir, y que tuvieran la intención de hacer un servicio a la patria engendrando niños para entregárselos posteriormente al Estado.

»A través de determinadas normativas internas de las SS y de programas como Mutter und Kind, Madre e hijo, se gestionó el ingreso de estas chicas en las maternidades de la red Lebensborn. Entre 1940 y 1945, casi 8.000 chicas ingresaron voluntarias en esas maternidades. Esa historia me fascinó desde el primer momento, así que decidí seguirle la pista. Conseguí reunir casi doscientos testimonios escritos de las vivencias de estas jóvenes tras los muros de las maternidades nazis, algo muy meritorio, dada la cortina de silencio que siempre ha rodeado al programa Lebensborn.

»Gracias a estos testimonios, logré forjar la psicología del personaje protagonista, Hedda Weiss, y poner en pie la novela. Por supuesto, trabajé con mucha más documentación y tengo que reconocer que crear la novela no resultó una tarea fácil. Durante más de setenta años, el programa Lebensborn ha transitado entre la realidad y el mito, y puedo asegurar que ha sido para mí muy complicado desligar lo uno de lo otro.

– Quizás muchas personas no han oído hablar del programa Lebensborn… de una manera resumida, ¿en qué consistió?
Lebensborn e.V. fue un programa registrado de las SS, de corte eugenésico, nacido en 1935 en el marco de la Oficina de la Raza y Asentamientos, el más importante departamento de las SS para asuntos raciales. Partiendo de la maternidad de Heim Hochland, en las afueras de Múnich, inaugurada en 1936, la red Lebensborn llegó a disponer de once casas en los territorios de Alemania y Austria, ocho más en Noruega y otras tres en países occidentales bajo dominio de las tropas del Tercer Reich.

»El programa Lebensborn se circunscribía dentro del proyecto de “regeneración racial del cuerpo nacional alemán”, una de las bisectrices que componían el ideario racial nazi.

»Esta regeneración intentaba devolver al pueblo alemán lo que ellos denominaban el “elemento nórdico perdido”, en su opinión, como consecuencia de las mezclas y de la desidia en política racial llevada acabo por los gobiernos anteriores a la llegada del nazismo al poder. Heinrich Himmler llegó a definir esta restitución del elemento nórdico como parte de una guerra biológica. Para conseguir ese fin, todas las personas que formaban parte de Lebensborn tenían que pasar unas exigentes pruebas raciales, realizadas por anatomistas y antropólogos de la Oficina de la Raza. Lebensborn no permitía fisuras.

– Antes has hablado de una segunda etapa de Lebensborn. ¿Cuántas etapas tuvo este programa?
– Podemos decir que Lebensborn tuvo tres etapas diferenciadas: en un principio, fueron las mujeres de los altos oficiales de las SS quienes ingresaron en las maternidades. Allí, entre bosques, rodeadas de un ambiente bucólico, y tratadas por los mejores especialistas, las esposas de los oficiales pasaban su embarazo y la lactancia de sus niños.

»Según la orden de compromisos y matrimonios de las SS de 1931, Himmler obligó a los miembros de las SS a tener al menos cuatro hijos, sin importar que estos fueran dentro o fuera del matrimonio. De esta manera, y siguiendo una directriz que ellos llamaban de “obra social”, las maternidades se fueron llenando de jóvenes solteras embarazadas, que eran admitidas siempre que pudieran demostrar los antecedentes arios de los hombres que las habían dejado en estado.

»Tras el periodo de lactancia, las madres solteras entregaban sus hijos a Lebensborn y éste a su vez los daba en adopción a familias de las SS, en algunas ocasiones, para que pudieran cumplir su “cupo”. Estas chicas eran posteriormente recompensadas con trabajos administrativos, tales como telefonistas o secretarias, en departamentos locales de las SS.

»La segunda etapa, como he comentado anteriormente, se produjo con la entrada de las jóvenes voluntarias de la BDM a partir de 1940. Hay que significar que, aunque la cantidad de 8.000 chicas nos parezca hoy algo sorprendente, en su momento fue considerado un fracaso. Himmler y las SS pensaban que el número de jóvenes voluntarias sería muy superior. Esto provocó la tercera etapa de Lebensborn, la denominada “germanización”, la llegada a las maternidades de niños procedentes de Rusia, Ucrania, Polonia o Checoslovaquia, niños que los anatomistas y antropólogos de la Oficina de la Raza habían dictaminado que eran portadores del “elemento nórdico” buscado por los nazis para su regeneración racial y, que por lo tanto, eran racialmente válidos para ser adoptados por familias de las SS.

»La realidad era que en aquellos momentos, las peticiones de adopción eran muy superiores a los niños que podía ofrecer la red Lebensborn. La forma en que estos niños llegaron a las maternidades ha levantado una gran controversia entre historiadores y expertos del nazismo, pero basta con decir que ni siquiera en el proceso de Núremberg se pudo dilucidar qué departamento de las SS, y de qué manera, se trasladaron estos niños a las maternidades de la red Lebensborn, ni el número real de niños involucrados en esta operación.

– ¿Qué diferencias existieron entre el concepto de la maternidad nazi y el concepto tradicional de la maternidad que tenemos en el mundo occidental?
– La diferencia fundamental es que el concepto nazi de la maternidad estaba marcado por la raza y por un férreo control del Estado. Cuando se habla del nacionalsocialismo, tenemos que tener siempre claro que la raza era el eje central de su ideología política, el centro nuclear de todo su pensamiento. De esta manera, toda joven alemana en edad de procrear, que pudiera demostrar su pureza racial y estuviera libre de enfermedades hereditarias, tenía no sólo el derecho, sino la obligación de ser madre.

»En contra, toda joven alemana que no pudiera demostrar su pureza racial o padeciese algún tipo de enfermedad hereditaria o deficiencia física o psíquica severa, sólo podía enfrentarse a dos escenarios: el aborto, si estaba embarazada, o la esterilización.

»Por supuesto, todo esto estaba regulado por la ley: la Ley de Protección de la Sangre y el Honor Alemán de 1935, también conocida como “Leyes Raciales de Núremberg”, la Ley de la Salud Marital de 1935, la Ley para Prevención de Descendencia con Enfermedades Genéticas de julio de 1933, o la Ley de Esterilización Obligatoria del mismo año. De esta manera, convirtiéndose en Dios, el Estado nacionalsocialista decidía entre la vida y la muerte, entre qué mujeres podían procrear o no, entre qué niños debían de nacer o no nacer.

»Y todo, claro, en base al criterio de la raza y la sangre y del derecho que éste le daba a la mujer de pertenecer o no al cuerpo nacional alemán.

– ¿Cuál era la postura del nacionalsocialismo sobre el aborto?
– En la Alemania nazi, el aborto estaba prohibido y duramente penado. Pero esa prohibición sólo estaba vigente para las mujeres arias sanas y, por supuesto, libres de enfermedades hereditarias.

»De esta manera, mientras el Estado nacionalsocialista fomentaba la natalidad con programas como Lebensborn, practicaba miles de abortos y esterilizaciones en masa en todas aquellas mujeres que no eran consideradas racialmente apropiadas. Esto, además de afectar a mujeres de razas denominadas “infrahumanas”, como la judía o la eslava, o a aquellas que hubieran violado las leyes raciales (parejas mixtas), se aplicaba también a aquellas mujeres que eran consideras como una “amenaza biológica”, tales como las discapacitadas físicas o psíquicas severas.

»Durante el Tercer Reich se realizaron miles de abortos y esterilizaciones. Baste con decir, que en el proceso de Núremberg, se sentenció que más de 225.000 mujeres fueron esterilizadas, sólo en Alemania, en aplicación de la Ley de Esterilización Obligatoria.

– Uno de los momentos más estremecedores de la novela es el capítulo en el que haces referencia al programa de eutanasia. ¿Qué fue exactamente Aktion T-4?
– Decidí introducir el tema de Aktion T-4 en la novela porque, de una manera u otra, este programa se puede considerar como el reverso o la cara B de Lebensborn. Aktion T-4, nacido al amparo de la Ley de Eutanasia forzosa de 1939, se inscribe en el marco de la otra línea maestra del proyecto racial nazi: la “higiene racial”.

»La eliminación sistemática de los discapacitados psíquicos o físicos severos, precedió a operaciones como Reinhard o la conocida “Solución final del problema judío”, tras la conferencia de Gross Wansee de 1942, que como todos sabemos, terminó con la vida de seis millones de judíos. Antes de que las cámaras de gas empezaran a funcionar en los campos de exterminio, la cámara de gas del instituto psiquiátrico de Hadamar había dado muerte ya a más de 10.000 discapacitados mentales y físicos alemanes.

»La Ley de Eutanasia Forzosa fue una de las mayores atrocidades cometidas por el régimen hitleriano. Es notable destacar, que esta ley y el programa Aktion T-4 tuvieron que ser retirados tras la tremenda presión ejercida por la Iglesia Católica y en concreto, por monseñor Von Galen, obispo de Munster. Las homilías del obispo, que fueron emitidas a través de las radios extranjeras, lanzadas en octavillas por los aviones británicos, y reproducidas clandestinamente por toda Alemania, llegando incluso a los frentes de batalla, obligaron a Hitler a cesar momentáneamente el programa.

»Claro que Aktion T-4 continuó funcionando hasta el final de la guerra, de espaldas al pueblo alemán, en lugares como Grafaneck, Hartheim o Mesteritz-Obrawalde, lugar este último que cito en la novela.

– En la novela hablas recurrentemente del alma aria. ¿Qué es el alma aria?
– El asunto del alma aria se me ocurrió mientras examinaba los textos sobre sangre y raza de Walter Darré, un personaje fundamental para Lebensborn. Como director de la Oficina de la Raza y Asentamientos, Darré convirtió Lebensborn en la punta de lanza del programa de regeneración racial nazi. Darré había sobresalido por sus escritos sobre sangre y suelo, fue un gran defensor del concepto de Lebensraum, la expansión y colonización de la Europa del Este, así como de la crianza selectiva y de que la maternidad estuviera completamente dirigida y controlada por el Estado.

»Sus ideas sobre la raza y la sangre tuvieron una gran influencia en Heinrich Himmler y en las SS. En una ocasión Darré manifestó: “En este momento, dado que la ciencia todavía no ha podido descubrir el alma, tenemos que valernos sólo del exterior físico para seleccionar racialmente a nuestros candidatos. Pero no duden que cuando la ciencia descubra el alma, estudiaremos también su alma”.

»De esta manera, a las chicas voluntarias de las maternidades de la red Lebensborn no sólo se les pedía ser racialmente adecuadas, además se exigía de ellas una rendición absoluta de su alma y de su voluntad a las tesis de la ideología nacionalsocialista. Es por eso que la formación en materia racial que estas jóvenes recibían en las maternidades Lebensborn estaba muy por encima de la que se ofrecía en las Juventudes Hitlerianas o en la BDM, como podrá apreciarse en la novela.

– Sin embargo en la novela, Hedda Weiss, la joven protagonista, parece debatirse entre las ideas de la Helferin instructora, una mujer fanática y despiadada, y el comandante del destacamento, un hombre amargado que ha perdido la fe en el nacionalsocialismo y ha iniciado una búsqueda desesperada de Dios. ¿Qué simbolismo oculto existe en esta dicotomía a la que se enfrenta la protagonista?
– Al leer los testimonios escritos de las chicas que ingresaron como voluntarias en las maternidades Lebensborn, pude constatar que en muchas de ellas habitó la duda. “Mientras acaricio mi vientre y miro la lluvia golpear el cristal, me pregunto si esto que estamos haciendo está bien o si, por el contrario, será un pecado a los ojos de Dios”, escribió una joven residente de la maternidad de Bald Polzin.

»Estas ideas no tenían nada que ver con las mentes fanatizadas, desprovistas de todo tipo de contradicción, que había leído en los testimonios de los jóvenes de las Juventudes Hitlerianas para mi primera novela, “Los hijos del Führer”. Este aspecto me pareció muy interesante.

»De esta manera, creé deliberadamente los personajes de la Helferin instructora, Honelore de Mezary, y del comandante del destacamento, Erich Beck, como dos potentes corrientes entre las que se debatirá durante la novela Hedda Weiss. Honelore de Mezary simboliza la sugestiva fascinación destructiva que el nacionalsocialismo ejerce sobre la protagonista, mientras que el comandante Beck representa la razón que aún queda en ella. A su vez, la búsqueda desesperada de Dios del comandante Beck, ejemplifica ese pensamiento de restauración de los valores y tradiciones, perdidos en una nación avocada a la barbarie, que habitó en muchos buenos alemanes. Al final, Hedda Weiss tendrá que elegir entre una u otra opción, pero eso, tendrá que descubrirlo el lector.

– Al margen de los personajes y de la mucha documentación empleada, ¿cuál ha sido el elemento más difícil de crear en esta novela?
– Como he dicho antes, y esto afecta a la documentación, lo más difícil de esta novela fue intentar desligar todo aquello que de realidad y de mito envuelve al programa Lebensborn. Pero a parte de esto, la mayor dificultad estribó en crear la maternidad de Marbach Heim.

»Desde un primer momento tuve claro que no quería situar la acción en ninguna maternidad real, por dos motivos principales: el primero, por una cuestión de respeto a las residentes que por ellas pasaron y que podían verse injustamente reflejadas en los personajes que estaba creando; y en segundo lugar, porque quería situar la maternidad en Prusia Oriental y de esta manera, poder relatar uno de los capítulos más sangrientos y aterradores de la Segunda Guerra Mundial: la invasión por parte del ejército soviético de esa histórica provincia alemana.

»En la tragedia final de la maternidad de Marbach Heim he intentado reflejar todos los elementos que compusieron la sinfonía de destrucción de Prusia Oriental. Debido a todo esto, crear una maternidad tal como eran las reales, se convirtió para mí en un gran reto. En Marbach Heim hay algo de cada una de las maternidades que formaron la red de casas Lebensborn: un pasillo, la habitación de las chicas, los cuadros que decoran las paredes, las lámparas, cada uno de los detalles pertenecen a una maternidad diferente.

»Sólo al final, mientras escribía el epílogo de la novela, pude darme cuenta de que había conseguido dar vida al lugar que deseaba crear. Sólo entonces me di cuenta del poder de ese lugar y de la oscuridad de su alma.

– Anteriormente has dicho que el programa Lebensborn ha transitado durante más de setenta años entre la realidad y el mito. ¿Cuánto de realidad y cuánto de mito hay en la novela?
– Antes de nada tengo que dejar claro, que “La casa del bosque de Marbach” es una novela de ficción, ambientada en hechos históricos reales. Tal como hice en “Los hijos del Führer”, he intentado dotar a la historia del máximo realismo posible, aunque en un tema como éste, eso no es siempre fácil.

»Pero casi todo en la historia de Hedda Weiss es real: las pruebas raciales a las que se somete, la procreación, el ritual de bautismo, la formación que recibían las chicas, las actividades que realizaban dentro de la maternidad, etc. En algunos elementos concretos puede existir controversia, como en el asunto de la existencia o no de los llamados “agentes de procreación”, donde todavía hoy en día, historiadores y expertos del nazismo no se terminan de poner de acuerdo.

»Mi norma ha sido, como siempre, fiarme de aquellos autores que por regla general, han dotado a sus trabajos y sus escritos de una documentación más contrastada. Desde luego, en un tema como éste, he desdeñado cualquier tipo de material que se pudiera considerarse como escabroso o morboso.

»Me gustaría añadir, que la verdad sobre Lebensborn no se encuentra en las bucólicas y felices maternidades, que dibujan algunos historiadores y autores cercanos al revisionismo, ni en los “criaderos humanos” y “burdeles para oficiales nazis” de los que hablan otros. La verdad sobre Lebensborn, no se puede encontrar en el blanco, ni en el negro. La verdad sobre Lebensborn sólo se puede encontrar en una difusa línea de grises.

– Al acabar de leer la novela, te asalta una pregunta: una vez terminada la guerra y derrotado el Tercer Reich, ¿qué fue de esas chicas y de los niños nacidos de Lebensborn?
– Sin duda esta fue la parte más triste y dramática que nos dejó Lebensborn. En Alemania, terminada la guerra, tanto las madres como los niños Lebensborn fueron víctimas de la exclusión social. Muchas de las jóvenes Lebensborn cayeron en la marginalidad, en el alcohol y en las drogas. Hay que entender que, en pocos años, pasaron de ser “las doncellas arias” a “las zorras de los nazis”.

»En el caso de los niños fue todavía más triste, porque había que añadir que la destrucción de casi toda la documentación relativa a Lebensborn por parte de los nazis dejó a la mayoría de ellos sin poder conocer sus auténticos orígenes.

»En otros países ocupados todavía fue peor. En alguno de estos países, se consideró que las mujeres que habían mantenido relaciones con oficiales alemanes debían de ser consideradas retrasadas mentales, por lo que tanto ellas como sus hijos fueron internados en psiquiátricos. Yo he leído testimonios de niños que cuentan cómo se les arrojó ácido por encima del cuerpo para “arrancar su apestoso olor a nazi”.

»Parte de esta tragedia, la conocimos cuando Frida Lyngstad, componente del grupo Abba y una de las más célebres niñas Lebensborn, se decidió a revelar su historia. Frida contaba cómo ella y su madre tuvieron que huir de su Noruega natal a Suecia para escapar de la persecución y las humillaciones a las que fueron sometidas. En los años 70, Frida consiguió encontrar a su padre biológico, un sargento alemán llamado Alfred Haase.

»En la actualidad, muchos de los niños Lebensborn se han unido en la asociación Lebensspuren, Huellas de Vida, como forma de apoyo mutuo, ayudándose en la búsqueda de sus orígenes y solicitando que se les restituya como víctimas del nacionalsocialismo. Yo les he dedicado especialmente esta novela. Considero que su único delito consistió en nacer en el lugar equivocado, en la época equivocada. Sin embargo, han tenido que vivir toda su vida con el estigma de ser considerados “los niños del nazismo”.

– Para terminar, una última pregunta: ¿Qué mensaje podemos sacar en la actualidad de ese programa eugenésico llamado Lebensborn?
– Yo siempre he pensado que el nacionalsocialismo fue un aviso de la Historia. Sin embargo, cada día tengo menos claro si hemos conseguido captar ese aviso. Yo sé que no se puede luchar contra los avances científicos, es algo inexorable, pero me resultan inquietantes muchos de los avances que se están produciendo en el campo de la genética, asuntos como el de los niños modificados genéticamente, la selección embrionaria o los “niños a la carta”. No dejo de pensar que para los nazis, muchos de estos avances hubieran resultado fantásticos, prodigiosos. Poder elegir el color del pelo y de los ojos de los niños, poder conseguir por medios de procreación artificial lo que ellos intentaron conseguir por medios fisiológicos.

»El envenenamiento del lenguaje también me preocupa. Los nazis fueron unos maestros en este campo. No hay que olvidar que en el asunto Eutanasia ellos pasaron de hablar de “eliminación de existencias lastre” a “muerte por compasión”. Sucedió lo mismo con el genocidio del pueblo judío, de “extirpación del bacilo judío” se pasó a “solución final”. No dejo de darle vueltas a esto cuando pienso que, en la actualidad, hemos sustituido la palabra eutanasia por “muerte digna” y la palabra aborto por “interrupción voluntaria del embarazo”.

»En la novela relato una ceremonia neopagana de bautismo, basada en los rituales de las SS. Mientras escribía esta parte del libro, empezó a ponerse de moda el asunto de los bautizos civiles, sobre todo entre nuestros famosos. Me resulta sorprendente que estos bautizos hayan tenido una buena acogida entre los sectores denominados “progresistas”. Ellos lo consideran algo así como un “culmen” de la modernidad, cuando en realidad, estos bautizos tienen su origen en el nacionalsocialismo.

»En definitiva, espero que la lectura de esta novela haga reflexionar a muchas personas, de lo contrario, no habría servido de nada escribirla. El viaje que propongo a las entrañas de las maternidades nazis debería hacernos pensar sobre asuntos tan importantes como la maternidad, el derecho a la vida y a la igualdad, el aborto, la eutanasia, la sustitución de los valores tradicionales por nuevos valores emergidos de ideologías delirantes, la perseverancia de la razón, la búsqueda de Dios en tiempos de oscuridad, el fanatismo y el peligro que subyace cuando la presencia omnímoda del Estado prevalece por encima de la persona individual y de instituciones como la familia.

 

Fuente: ReligionEnLibertad

 

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Publicado el junio 15, 2017 en Apologia - Holocausto, Hijos, Hitler, Holocasuto - Shoah, Ideologia Nazi, Noruega, Noticias, Sociedad Lebensborn, Suecia, Testimonios del Holocausto y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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