Wladyslaw Bartoszewski, héroe de la resistencia y ministro polaco

La lucha contra el totalitarismo y la búsqueda de la reconciliación entre las naciones se dieron la mano en la vida de Wladyslaw Bartoszewski. Historiador, periodista y diplomático, superviviente de Auschwitz y resistente polaco, su trayectoria vital es reflejo de las páginas más dramáticas de la historia de Polonia en el siglo XX y también de la recuperación de la libertad y la democracia en su país.

Sobrevivió a Auschwitz, luchó contra los nazis y el estalinismo y fue dos veces titular de Exteriores. Wladyslaw Bartoszewski, durante una visita a Suecia en 2001 como ministro de Asuntos Exteriores de Polonia / BERTIL ERICSSON (AP)

“No olvidar nada, pero tender la mano a los antiguos enemigos para avanzar”, fue el lema que marcó su empeño en curar las heridas de la II Guerra Mundial y en acercar a polacos y alemanes. Un objetivo al que dedicó buena parte de sus esfuerzos como ministro de Exteriores de Polonia y en el que perseveró hasta su fallecimiento el pasado 24 de abril a los 93 años de edad en un hospital de Varsovia.

Bartoszewski, nacido el 19 de febrero de 1922 en la capital polaca en el seno de una familia católica de clase media, apenas tenía 18 años cuando fue detenido en una redada de los nazis y acabó tras las alambradas del campo de Auschwitz con el número de preso político 4427. Puesto en libertad tras siete meses de trabajos forzados gracias a la intervención de la Cruz Roja, no tardó en incorporarse a la resistencia polaca contra la ocupación alemana, a la que combatió fundamentalmente como reportero en los órganos clandestinos de propaganda.

Participó también activamente en Zegota, un grupo de la resistencia creado para sacar a judíos del gueto de Varsovia y encontrarles refugio, lo que le valió en 1966 el reconocimiento de Israel y el título de Justo entre las Naciones que concede la institución oficial en memoria de las víctimas del Holocausto. “Recuerdo esos terribles días de incertidumbre. Mi ayuda consistía en facilitar la huida del gueto, pero la gente joven quería luchar, no escapar”, rememoró Bartoszewski pocos días antes de morir en el acto del 72 aniversario del inicio del levantamiento de Varsovia, en el que participó.

El papel de Polonia en la II Guerra Mundial y la relación con los judíos recorren su obra como historiador, labor que compaginó con el periodismo y la docencia en diferentes universidades, sin dejar de lado su militancia política. Su oposición al régimen estalinista le costó años de cárcel por una acusación falsa de espionaje y la prohibición de publicar sus escritos. Su producción alcanzó miles de artículos y alrededor de 40 libros.

El activismo en el sindicato Solidaridad le llevó una última vez a prisión a finales de 1981 durante unos meses. Considerado ya un símbolo de la resistencia a cualquier dictadura, con la caída del régimen comunista Bartoszewski vio despegar una carrera diplomática que le convirtió, con 68 años, en embajador en Viena (Austria) y ministro de Exteriores en dos Gobiernos polacos, a mediados de los noventa del siglo pasado y entre 2000 y 2001. Centró su trabajo en recomponer las relaciones entre Polonia y Alemania, y entre polacos y judíos, y cosechó por ello un gran reconocimiento. Su “moral insobornable” y su “incansable” anhelo por “construir puentes entre los pueblos” servirán de “inspiración” en el futuro, ha afirmado el presidente germano, Joachim Gauck.

La búsqueda del entendimiento con Israel y la conservación de la memoria del Holocausto fueron otra constante de su trabajo. Regresó al lugar que concentró tanto horror del nazismo como presidente del Consejo Internacional del campo de Auschwitz-Birkenau, desde el que impulsó la recaudación de fondos para la preservación del complejo, entre otras iniciativas.

Infatigable en su actividad política, casado y padre de un hijo, Bartoszewski siguió asesorando a su Gobierno hasta el último momento y tenía anotado en su agenda de este mes un nuevo encuentro entre los Gobiernos polaco y alemán.

“Dio a la Polonia más de lo que tenía” y con su muerte, “la historia del siglo XX, de alguna manera, llega a su fin”, ha dejado escrito sobre él Piotr M. A. Cywinski, director del Museo de Auschwitz-Birkenau. Sus compatriotas le consideraban una autoridad moral, un hombre “que se atrevió a desobedecer”, como le honró el Gobierno polaco con ocasión de un cumpleaños. Bartoszewski resumía así la actitud que guiaba su vida: “Vale la pena ser decente, aunque no siempre hay recompensa”.

Fuente: el Pais

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Publicado el mayo 4, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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