Kristallnacht, la Noche de los Cristales Rotos

“Que Dios me perdone… Debo protestar de forma que todo el mundo escuche mi protesta, y eso es lo que voy a hacer.”

Este mensaje estaba escrito en una postal que se encontraría en el bolsillo de Herschel Grynszpan, un judío polaco, cuando fue detenido por la policía francesa el 7 de Noviembre de 1938. El joven de 17 años acababa de disparar tres veces en el abdomen al embajador alemán Ernst von Rath. El asesino ni siquiera se resistió al arresto. Cuatro días antes, Herschel había recibido una postal de su hermana desde la frontera entre Alemania y Polonia: la familia Grynszpan era una de las muchas familias judías (hasta un total de 12.000 personas) que habían sido expulsadas de sus hogares y del país el 28 de Octubre de ese mismo año. Todo lo que había pertenecido a los expulsados había quedado en manos de los nazis.

La respuesta de los nazis al ataque a von Rath fue inmediata: al día siguiente, se prohibieron todas las publicaciones judías. La medida estaba destinada a cortar de raíz el contacto entre los judíos con sus líderes, que aconsejaban en diferentes materias, incluida la emigración a otros países. A los niños judíos se les prohibía acudir a los colegios estatales alemanes, y toda expresión de la cultura judía era completamente suprimida. Los pocos derechos que les quedaban como ciudadanos desde la llegada de Hitler al poder les habían sido arrebatados. Pero esto no sería sino el principio de lo que iba a ocurrir.

La noche del 9 de Noviembre, von Rath muere. La noticia llega a Hitler cuando este se encuentra en una cena con varios miembros del partido nazi. Hitler abandonaría bruscamente la sala, y su ministro de propaganda, Joseph Goebbles, se encargaría de dar el discurso final:

“El Führer ha decidido que […] el partido no organizará ni preparará ninguna demostración, pero que mientras estas surjan espontáneamente, no deben ser detenidas.”

Estas palabras, que incluso para algunos de los miembros del partido (incluido el propio Himmler) eran más bien un deseo personaje de Goebbles que un gesto oficial, fueron el disparador de la que sería llamada posteriormente Kristallnacht (Noche de los Cristales en alemán), que es mejor conocida como la “Noche de los Cristales Rotos”.

Los disturbios comenzarían a las diez y media de la noche, dos horas después de que las noticias de la muerte de von Rath alcanzaran Alemania, y se mantendrían durante toda la noche. Los disturbios fueron iniciados por miembros de distintos cuerpos nazis, la mayoría vestidos de paisanos, aunque algunos civiles alemanes se unirían a la destrucción. Las directivas que los cuerpos nazis recibirían a la 1:20 de la madrugada del 10 de noviembre serían claras: no debería tomar ninguna medida que pudiera poner en peligro la propiedad o la vida de alemanes no judíos; los comercios y hogares judíos podían ser destruidos, pero no saqueados; ningún extranjero (aunque fuera judío) sería sujeto a ningún tipo de violencia; y los archivos de las sinagogas serían transferidos a los miembros de la inteligencia nazi. Se les dio orden también de arrestar a todos los judíos que las cárceles pudieran mantener, siendo preferente la captura de hombres jóvenes y sanos.

La idea principal de estos disturbios era la de desarmar a los judíos, pues se dieron órdenes precisas para que se les confiscara cualquier arma de fuego. Sin embargo, la destrucción, que se extendió por toda Alemania, fue mucho más allá que una simple rotura de cristales. Durante los disturbios se destruirían 200 sinagogas (todas las que había en Alemania, algunas de ellas de varios siglos de antigüedad), muchos cementerios judíos, más de 7000 tiendas, y 29 almacenes. Aunque no se había dado orden de ejercer violencia contra los judíos, algunos de estos fueron apaleados hasta morir, e incluso algunos alemanes no judíos murieron de esta misma manera al ser confundidos. Aunque la cifra de asesinados durante los disturbios fueron de 91, los suicidios y los muertos en los campos de concentración entre los detenidos aquel día hacen ascender la cifra a unas 2500 personas. 30.000 judíos fueron arrestados y llevados a campos de concentración, sometidos a unas condiciones durísimas, pero liberados a los tres meses con la condición de que abandonaran Alemania. Incluso después de este terrible ataque, a los judíos se les multó con 1 billón de marcos, y las reparaciones de los cristales dañados ascendieron a 4 millones.

Aunque Goebbles llamó al fin de la violencia el día 11 de Noviembre, esta continuó para los judíos en los campos de concentración, aun cuando se diera orden de que esto no se hiciera. Cuando los prisioneros fueron liberados, cerca de 2.000 habían muerto a causa de los duros castigos ejercidos contra ellos. Posteriormente a Kristallnacht, 115.000 judíos, los que podían permitirse escapar del país, marcharon a diferentes lugares, principalmente a EEUU, Europa o Palestina, con 14.000 llegando tan lejos como Shanghai. Todas las pertenencias de estos emigrantes fueron confiscadas y pasaron a pertenecer al gobierno nazi.

La furia de los gobiernos europeos no tardó en llegar, con todos los países segando sus lazos diplomáticos con los alemanes. EEUU llamó a consultas a su embajador, aunque no cortó del todo dichos lazos. Sin embargo, la respuesta no fue considerada como dura, lo que convenció a los nazis de que una persecución de los judíos a esta escala no causaría represalias especialmente duras.

Kristallnacht supuso un cambio. La persecución de los judíos en Alemania hasta entonces había sido política y económica, pero tras los disturbios, la persecución pasó a ser física. Era la primera señal del cambio, y el comienzo del Holocausto.

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Publicado el noviembre 9, 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. juanfrancisco poblete orrego

    Durisima situación de mis hermanos judios; ahora son mas lospueblos que a semejanza de los nazis los odian; pues les recuerdan a Jehova, dicen que Dios no existe, pero yo le conozco.

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