Ley de Igualdad Religiosa en Perú‏

INFORME Nº 004-2009/UNICEP

 

Dictamen de la Ley de Libertad e Igualdad Religiosa

 

 

La Aprobación del Dictamen de la Ley de LIBERTAD E IGUALDAD RELIGIOSA representa un hito en la historia legislativa de nuestro país. Y, tal como lo señaló el Presidente de la Comisión de Constitución[1], esta ley es “revolucionaria, porque establece la igualdad de las confesiones religiosas en el país, y garantiza el trato igualitario de las mismas”.

 

Los argumentos en contra esgrimidos por la Conferencia Episcopal Peruana[2] en el sentido que no se les ha consultado, no se ajustan a la verdad y han sido desvirtuados totalmente por el Presidente de la Comisión[3].

 

El Dictamen, desde su primera versión, ha destacado la opinión de la CEP. En el punto 6) relativo a “LA INCIDENCIA DEL PRINCIPIO-DERECHO DE IGUALDAD EN MATERIA RELIGIOSA”, se consigna lo manifestado por la Conferencia Episcopal Peruana mediante Prot. Nº 0167/2/2008, del 1º de abril de 2008:

 

“En el ordenamiento jurídico actual no existe discriminación alguna por parte del Estado con ninguna Confesión Religiosa, sino que la forma en la cual ésta se relaciona con ellas, depende de la naturaleza jurídica y de las múltiples formas de organización que las confesiones religiosas tienen. Así pues, las relaciones entre el Estado Peruano y la Iglesia Católica, se rigen en virtud del Acuerdo suscrito entre la Santa Sede y la República del Perú, entendida la Santa Sede como gobierno central de la Iglesia Católica, sujeto de derecho internacional reconocida como tal por la Comunidad internacional”.

 

En efecto, el referido Acuerdo entre la Santa Sede y la República del Perú, celebrado entre ambas partes el 19 de julio de 1980 y aprobado por Decreto Ley Nº 23211, le concede a la Iglesia Católica una serie de beneficios y prerrogativas, entre otras:

 

  • Un régimen de subvenciones estatales directas (Artículo VIII del Concordato).
  • Exoneraciones y beneficios tributarios (Artículo X).
  • Asistencia dentro de las entidades públicas (Artículos XI al XVIII).
  • Participación exclusiva en la educación pública (Artículos XIX al XX).

 

Es evidente que estas prerrogativas devienen discriminatorias frente a la posición de las demás confesiones religiosas, que no tienen el status jurídico de la iglesia católica. En realidad contraviene la Constitución y los derechos a la libertad y a la igualdad, y constituye una violación del ius cogens; toda vez, que el Estado es ontológicamente pluralista y debe reconocer a todas las religiones en término de igualdad. No puede consagrar al mismo tiempo una iglesia oficial o darle preeminencia a alguna de ellas excluyendo a las demás confesiones.

 

El Estado debe mantener su separación frente a la tradicional dependencia y relación con la Iglesia Católica, en la medida en que garantice la libertad religiosa y de cultos, permitiendo el ejercicio libre de religiones o creencias, la posibilidad de profesarla, manifestarla y difundirla de manera individual o colectiva y reconociendo jurídicamente a las Iglesias y confesiones religiosas.

 

Existen tres parámetros que nos indican lo que es un Estado laico y que se convierten en reglas aplicadas, estricto sensu, y en una seguridad jurídica para la invulnerabilidad del Estado laico: 1) el Estado no tiene religión oficial; 2) hay igualdad religiosa ante el Estado; y, 3) el Estado debe ser neutral ante las confesiones religiosas, es decir, no puede favorecer o discriminar a ninguna.

 

Monseñor Luis Bambarén[4] señaló que: “la Iglesia Católica se ha ganado el carácter de oficial por estar vinculada históricamente con el nacimiento del país”. Este argumento resulta inadmisible dentro de un Estado Social y Constitucional de Derecho; más aún, si tenemos en cuenta que en el Concilio del Vaticano II[5] ya la iglesia católica planteó que la libertad religiosa es inherente a la dignidad humana: Porque Dios tiene en cuenta la dignidad de la persona humana que El mismo ha creado, que debe regirse por su propia determinación y gozar de libertad”. Asimismo, señaló que: “Finalmente, la autoridad civil debe proveer a que la igualdad jurídica de los ciudadanos, que pertenece también al bien común de la sociedad, jamás, ni abierta ni ocultamente, sea lesionada por motivos religiosos, y a que no se haga discriminación entre ellos”.

 

Ante esto, no nos queda más que recordar el principio legal: “a confesión de parte, relevo de prueba”.

 

Confiamos en que el Perú contará muy pronto con una Ley de Libertad e Igualdad Religiosa. Todas las confesiones religiosas minoritarias estamos a la espera.

 

Lima, 05 de julio del 2009

 

Dra. Raquel Gago Prialé

  Directora Ejecutiva

UNICEP

 
1 http://www.elcomercio.com.pe/noticia/308463/ley-sobre-igualdad-religiosa-revolucionaria-porque-asegura-libertad-opcion

 

2 http://elregionalpiura.com.pe/archivonoticias_2009/julio_2009/julio_04/nacionales_04.htm

3 http://www.andina.com.pe/Espanol/Noticia.aspx?Id=k3WbO9bNcT8=

4 http://elregionalpiura.com.pe/archivonoticias_2009/julio_2009/julio_04/nacionales_04.htm

5 Dignitatis Humanae (Declaración sobre la libertad religiosa)

 


http://www.elcomercio.com.pe/noticia/308463/ley-sobre-igualdad-religiosa-revolucionaria-porque-asegura-libertad-opcion

 

[2] http://elregionalpiura.com.pe/archivonoticias_2009/julio_2009/julio_04/nacionales_04.htm

[3] http://www.andina.com.pe/Espanol/Noticia.aspx?Id=k3WbO9bNcT8=

[4] http://elregionalpiura.com.pe/archivonoticias_2009/julio_2009/julio_04/nacionales_04.htm

[5] Dignitatis Humanae (Declaración sobre la libertad religiosa)

Acerca de Abad Husita

Teologo, Educador. Clerigo. Sacerdote Religioso Husita. Vivi hace muchos siglos, mi antecesor fue Juan Hus... y la Estrella de la Reforma... despues vino nuestro celebre Calvino.

Publicado el julio 6, 2009 en Apologia - Eclesial, Asuntos Interconfesionales, Iglesia en el Peru, Ley de Igualdad Religiosa, Libertad Religiosa, Peru, Unicep y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. ¿IGUALDAD RELIGIOSA O REGLAMENTACIÓN DE LA FE EN PERÚ?

    POR: UBALDO TEJADA GUERRERO
    utguerrero31@gmail.com
    Analista Global
    “Es cierto que todavía no se ha descubierto el
    Paraíso terrenal, pero el día en que éste sea
    Descubierto, no tendrá la propiedad privada
    De los medios de producción como base de
    Su organización Social”
    (“Un grano de mostaza”-Marcio Moreira Alves-
    Premio CASA Cuba 1,972-Página 227)
    Un poco de historia universal nos hace recordar que las persecuciones fueron las pruebas mas grandes de la iglesia cristiana desde el siglo I después de Cristo-D.C. (Año 58) hasta el siglo IV (Año 343) cuando comenzaron a darse el Concilio de Sárdica (Año 348 D.C.), el Edicto de Milán por Constantino el Grande, el Edicto de Tesalónica (27 de Febrero del año 380 D.C.), y el Decreto de Valentiniano III (Año 445 D.C.) que terminaron reconociendo al Obispo de Roma como Papa, como primado entre todos los obispos, dejando de lado la primacía del evangelio, para dar paso al reconocimiento del poder temporal del Estado a la iglesia cristiana., es decir su legalización.
    Esta legalización dice el historiador peruano, el Dr. Rafael Narváez Cadenillas puede resumirse en: “….garantizar el derecho de los cristianos a profesar públicamente su fe, dejando en suspenso todas las incapacidades legales que significaba ser cristiano y restaurando la situación jurídica a muchos millones de hombres; autorizar a la iglesia o comunidades cristianas, la posesión de bienes, devolviendo los que habían sido confiscados; el Estado reconoce a la iglesia como corporación; garantiza que a nadie se impediría cumplir sus obligaciones religiosas; significa el reconocimiento perfecto de la libertad de conciencia; abdicación del César a su función de dios y abdicación del Estado en su atribución de gobernar la conciencia de los hombres; -y finalmente-reconocimiento oficial del cristianismo de la iglesia y la libertad de conciencia” (1)
    Las consecuencias del Edicto de Constantino y de Teodosio, sigue diciendo Narváez Cadenillas fueron: “La identificación de Cristianismo con la cultura y con los dominios territoriales del imperio romano. Es decir con el mundo físico y humano, siendo así que lo que Cristo quiere es precisamente la fundación y el desarrollo del reino de Dios, que es reino vivo de los hombres en los hombres; la guerra del Estado adquiere un cariz misionero, se hace para propagar y defender la religión; la evolución en la apreciación, el rango y las funciones del clero se producen con un criterio indiscutiblemente “político”, porque en efecto, Constantino estructuró la jerarquía eclesiástica con patrones de la jerarquía administrativa del Estado imperial; se inicia el proceso de interferencia de las funciones espirituales inherentes al clero, con las funciones temporales inherentes al magistrado o al funcionario” (2); empieza a interferirse los dos poderes: temporal (Estado) y espiritual (Iglesia) en un movimiento que llega a su crisis mas alta en el medioevo con la protesta de Calvino y Lucero, los cuales reclaman la vuelta a los principios bíblicos sin ninguna interferencia del Estado.
    La iglesia universal de Cristo no puede instalarse en un ligar y tiempos dados, como pretende la ley de igualdad religiosa; como lo explica Moreira Alvez, ello acarrea graves riesgos: “La institución desarrolla sus normas, que pesan sobre sus valores y muchas veces los esconden. A medida que las normas adquieran importancia, se transforman en un fin en si mismas, pierden su objetivo primario, que era el de proyectar y proteger valores. Comienza a formarse una religión ritual que deforma progresivamente el mensaje espiritual. La iglesia se transforma en una máquina totalitaria, cuya función es distribuir certificados de buena calidad social al nacimiento, al matrimonio, a los sucesos de la vida pública y privada, y suministrar una póliza de seguro descontable en la eternidad en el momento de la eternidad. También ofrece consuelo a mujeres sumisas e infelices, y enseña a los oprimidos a conformarse con su suerte. Al alejarse de las enseñanzas libertadora de su fundador, esa especie de iglesia se convierte en el opio del pueblo” (3). Por ello dos asuntos deben estar claros, primero la separación Iglesia-Estado y segundo Iglesia-Política; todo ello se logra a través de un estado laico verdadero, no lo que refleja el proyecto aprobado en la Comisión de Constitución del Congreso en un ínfimo número de solo 6 miembros.
    Un gran humanista e historiador peruano, el Dr. Rafael Narváez Cadenillas decía respecto al cristianismo y su rol espiritual: “Aquellos cristianos primitivos habían comprendido auténticamente el mensaje evangélico: el pecado es el mal uso de la libertad, la verdadera liberación del hombre es su entrega al servicio de los demás, el cristiano no puede amar los bienes por si mismos y acumularlos para si, cuando a sus hermanos les faltan, ni puede apoyarse en los “grandes” del mundo porque les hace correr el grave riesgo, absoluto riesgo, de condenarse con ellos en vez de salvarlos, cuando la misión de la iglesia es precisamente esa: hacer todo por todos para salvar a todos”(4). El viejo centralismo limeño en el 2009, sigue decidiendo la suerte política de millones de peruanos, ahora pretendiendo reglamentar la fe, olvidándose los responsables de iglesias evangélicas que “El Cristianismo jamás ha transado con ningún sistema de ordenamiento en que el Estado pretende derecho de dominio en el alma del hombre, violando los principios establecidos en la Declaración de los derechos humanos que es la Constitución Natural del hombre” (5).
    “El cristianismo no es indiferente a la tragedia de la opresión, la miseria de los mas frente a la opulencia y riqueza de los menos, también busca la regeneración del hombre por dentro, la vida total, absoluta; nueva; eso significa reconocer que el Estado no tiene dominio sobre la conciencia humana” (6).
    El investigador evangélico Pastor Jorge Ayona Inglis, del Ministerio Alto Nivel Internacional, disertaba en el Núcleo Político Evangélico de La Libertad-Perú, sobre el papel del Estado-Iglesia resumiendo su posición en: “que el modelo de exportación de la iglesia norteamericana de megaiglesias hacia Latinoamérica y el Caribe, ha fracasado, porque el rol de la iglesia debe estar imbuido de un espíritu de servicio, anunciar el evangelio a las naciones, no aislarse de la comunidad, practicar la justicia, combatir la pobreza, y levantar el nivel moral y educativo” (7).
    Debemos recordar que las consecuencias del Edicto de Constantino y de Teodosio, sobre la legalización de la iglesia cristiana se sintieron fuertemente “…cuando el rango y las funciones del clero se producen con un criterio indiscutiblemente “político”, porque que en efecto, Constantino estructuró la jerarquía eclesiástica con patrones de la jerarquía administrativa imperial. Se inicia el proceso de interferencia de las funciones espirituales inherentes al clero (Iglesia) con las funciones temporales inherentes al magistrado o al funcionario (Estado). Es decir comienza a interferirse los dos poderes, en un movimiento que llegó a su cúspide en el medioevo” (8).
    El sigue diciendo que un real criterio de igualdad religiosa del Estado pasa por sentir regocijo y gratitud para un verdadero cristiano, mientras que para los falsos cristianos actuales es sólo satisfacción por interés de protección del Estado a la iglesia en afán de cupos de poder.
    La Comisión del Congreso peruano aprobó un proyecto de ley de igualdad religiosa que puede sintetizarse en la lucha de católicos y evangélicos por cupos deponer en el Estado, todo ello muy lejano del verdadero espíritu cristiano, y más cercano a una posible manipulación política de la derecha (APRA, Fujimoristas y Restauración Nacional). Ésta última acusada de negociar sus votos para no censurar al gabinete Simon a cambio de la aprobación de un proyecto elaborado por Mercedes Cabanillas del APRA, que ocultó una seria investigación sobre la matanza de las comunidades amazónicas en Bagua, la persecución de sus líderes y la paralelización de AIDESEP.
    El nudo crítico por desatar es el famoso Concordato Perú-Vaticano, que es ilegal porque cualquier tratado internacional de acuerdo a la Constitución de 1933, debería haber pasado por el Congreso, lo que no se hizo porque en 1979 nos gobernaba una dictadura militar, y cuando se instala la Asamblea Constituyente y nos dota de la Constitución de 1979 tampoco se varió el carácter del Estado a favor de la iglesia católica; y cuando en un Congreso Constituyente se cambió la Carta Magna de 1979 por la de 1993 probada en dictadura de Fujimori; se terminó consolidando el Concordato Perú Vaticano
    Para los cristianos evangélicos la discusión en el pleno del Congreso en Agosto 2009 del Proyecto de Ley de Igualdad religiosa nos plantea a los cristianos evangélicos, que las cúpulas de las megaiglesias limeñas deben tener en cuenta, que es toda la concepción del hombre, del mundo y de la vida la que está en juego; y que este proyecto necesita una mayor difusión popular en el pueblo evangélico y en la sociedad civil, mas cuando se pretende involucrar fondos del Estado peruano, que al final es dinero de todos los contribuyentes..
    Hoy más que nunca se hace necesario el desarrollo de un pensamiento social evangélico, que no sea una ideología, ni un sistema económico, pero sin el espíritu del evangelio no se resolverá la cuestión social, pero ello no es condición suficiente, es necesario un estudio científico de los datos, de los hechos y una elección de los medios técnicos. Todo ello nos permitirá tener la capacidad de analizar los cambios a escala global para delinear un pensamiento social evangélico en el cual la justicia puede ser preservada mejor, que por el modelo neoliberal capitalista de las grandes potencias económicas.
    Fuentes:
    (1-2-4-5-6-8, “Historia de la Cultura-Pre Historia, Oriental, y Clásica-1968-Universidad Nacional de Trujillo-Perú).
    (3-“Un grano de mostaza”-Marcio Moreira Alves-Premio Casa CUBA-1972)
    (7-Pastor Jorge Ayona Inglis-Ministerio Alto Nivel Internacional-Lima-Perú 2009)

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