EL JESÚS HISTÓRICO

La investigación reciente sobre Jesús se caracteriza, sobre todo, por la diversidad de sus resultados: La del maestro de sabiduría al estilo de los filósofos cínicos; la del profeta escatológico judío; la del carismático habitado por el Espíritu; y la del promotor del cambio social. Cada estudio tiene cosas buenas (p. Ej. nos ubican en la época, el contexto), pero el detalle es que dan a conocer a otros Jesús.

Maestro de Sabiduría

Una de las imágenes más sugerentes y novedosas de la investigación reciente es la que presenta a Jesús como maestro de sabiduría. Es también una de las más difundidas, debido a la intensa actividad mediática del Jesus Seminar, y al impacto de la obra de J. D. Crossan. El Jesus Seminar es un grupo de estudiosos que comenzó a reunirse en 1985 para discutir y evaluar la historicidad de las tradiciones sobre Jesús. Para  JS Jesús fue un campesino galileo, que vivió en una situación tensa, motivada por el proceso de helenización a que estaba sometida entonces Palestina. Con sus máximas de sabiduría agudas e ingeniosas y con su comportamiento provocativo quiso transmitir un mensaje social innovador que acabara con las estructuras patriarcales y de patronazgo sobre las que se sustentaban las desigualdades de aquella sociedad. Sus enseñanzas no contenían ninguna referencia a las expectativas apocalípticas judías, sino que reflejaban una sabiduría de carácter universal basada en la experiencia de la vida y de la naturaleza. Su comportamiento, sobre todo sus sanaciones, exorcismos y comidas, revelaban la intención de transformar el orden establecido. Era un sabio itinerante, muy parecido a los filósofos cínicos, que por entonces recorrían el imperio. Libre de todo respeto humano y de un proyecto a largo plazo, actuaba con enorme libertad, y nunca tuvo intención de reunir un grupo de discípulos. Al final de su vida subió a Jerusalén y allí murió abandonado por todos; lo más probable es que después de su muerte su cuerpo acabara en una fosa común y fuera devorado por los perros. Sus discípulos, sin embargo, interpretaron su muerte a la luz de las profecías del AT y crearon el relato de la pasión y la leyenda de su resurrección. Esta reconstrucción de la vida de Jesús se asienta sobre una selección de las fuentes, y sobre unos criterios desde los que se evalúa su historicidad. Entre las fuentes ocupan un lugar privilegiado los apócrifos, especialmente el Evangelio de Tomás (de ahí su inclusión como quinto evangelio en la publicación sobre los dichos de Jesús). También conceden una importancia excepcional al Documento Q en su etapa redaccional más antigua, que es de carácter sapiencial. El problema consiste en determinar la antigüedad e independencia de las fuentes. En todo caso, estos presupuestos metodológicos han dado como resultado una imagen muy particular de Jesús, que en contra de lo que suele pensarse no es representativa de la investigación de los últimos años, sobre todo por la ruptura que establece entre Jesús y el Judaísmo de su tiempo.

Profeta Escatológico

Muy distinta es la imagen de Jesús como profeta escatológico que predica la restauración de Israel. Ha sido propuesta por E. P. Sanders, un especialista en el Judaísmo antiguo y en la literatura talmúdica que ha escrito dos libros sobre Jesús. Sanders trata de explicar históricamente dos hechos fundamentales: La crucifixión de Jesús y el nacimiento de un movimiento judío que reivindicaba su herencia. Su punto de partida es un extenso análisis de la acción del templo (Mc 11,15-19), que considera un acontecimiento clave. La expulsión de los mercaderes del templo de Jerusalén no fue un gesto de purificación, ni tampoco la condenación moral de un comercio abusivo (estas son interpretaciones cristianas), sino el gesto que se esperaba del Mesías: Una destrucción simbólica del templo que anunciaba la restauración escatológica del pueblo de Dios. Entendido así, este gesto, explica la muerte de Jesús y el nacimiento, después de él, de un movimiento judío, que reivindica su nombre y su proyecto. Para Sanders, por tanto, Jesús fue un profeta judío, profundamente insertado en las tradiciones de Israel, que anunció la restauración del pueblo santo, y expresó simbólicamente esta restauración en el gesto del templo. Jesús tenía conciencia de vivir un momento decisivo y de ser el último enviado de Dios, y por eso sus palabras y sus acciones revelan una individualidad irreductible, que hace de él un personaje único. Su predicación consistió en preparar y reunir al pueblo santo para la venida definitiva de Dios (el Reinado de Dios). Sus milagros y su relación con los pecadores deben contemplarse desde este dato fundamental. Y lo mismo ocurre con su muerte, que se explica mucho más fácilmente cuando se ve en él a un profeta que va ganando popularidad y que resulta incómodo para las autoridades. Con su predicación y su actuación, Jesús desencadenó un conflicto en el interior del Judaísmo que le costó la vida. Sus discípulos continuaron después de su muerte su predicación escatológica, pero poco a poco fueron orientando su anuncio hacia la misma figura de Jesús, que acabó convirtiéndose en el contenido central de dicho anuncio. La gran aportación de Sanders ha consistido en situar a Jesús en el contexto de los movimientos judíos de su tiempo, y en vincularle profundamente a ellos. No le interesan tanto el contexto social ni la situación política de Palestina, sino las corrientes de pensamiento. Con su obra se cierra un paréntesis dominado por el criterio de desemejanza, que había producido una visión de Jesús sin relación con el Judaísmo. En su lugar, Sanders privilegia el criterio de necesidad histórica, que coloca en primer plano todo aquello que contribuya a explicar los hechos indiscutibles de la vida de Jesús, principalmente su muerte en la cruz.

Carismático Espiritual

La imagen de Jesús como carismático espiritual ha ido emergiendo en los últimos veinte años desde ángulos diversos. Sus orígenes pueden buscarse en los trabajos de dos autores británicos (G. Vermes y J. Dunn), que en la década de los setenta publicaron sendos trabajos sobre Jesús. El Jesús de M. Borg es un carismático judío, cuya actuación se inscribe en una antigua tradición de hombres santos que actúan bajo la acción del espíritu divino. En palabras suyas: Desde una perspectiva histórica Jesús era una persona llena del Espíritu en la corriente carismática del Judaísmo. Esta es la clave para comprender lo que fue en cuanto figura histórica. La existencia de este tipo de carismáticos está documentada en el Judaísmo del tiempo de Jesús (G. Vermes había estudiado dos de ellos: Honi y Hannina ben Dosa). El mensaje de Jesús, como el de estos carismáticos, no poseía tintes escatológicos, sino que estaba centrado en la experiencia de Dios, un Dios cercano a su pueblo, que manifestaba su solicitud a través de los milagros de estos hombres santos. En esta visión de Jesús los dichos apocalípticos son eliminados o transferidos a la época pospascual. La presentación de Jesús que hace Borg está motivada por intereses pastorales. De ahí que haga todo lo posible por evitar el sonrojo que provoca en la sociedad actual un Jesús apocalíptico (en esto se parece al Jesús de Crossan y del JS), para convertirlo en un maestro espiritual culturalmente correcto. De ella podemos retener, sin embargo, dos intuiciones que en realidad son anteriores a este autor: La importancia de la experiencia espiritual en la vida de Jesús (J. Dunn, y antes que él J. Jeremias), y su relación con otros carismáticos espirituales del Judaísmo pre-rabínico (Vermes). Como efecto colateral, esta visión de Jesús más centrada en su actuación que en su mensaje, ha contribuido a revalorizar la tradición de los milagros, tan marginada por la mayor parte de los estudios recientes.

Reformador Social

Bajo esta etiqueta pueden situarse algunos estudios, que proponen entender a Jesús en el marco de la situación social y política de la Palestina romana. Los autores que coinciden en esta visión, evidentemente con matices diversos, han intentado aplicar la historia social o la antropología cultural a dicha situación para comprenderle mejor. Aquí pueden incluirse los trabajos de R. Horsley, G. Theissen y B. Malina. Estos dos últimos autores han promovido recientemente un encuentro de estudiosos europeos y norteamericanos de sus respectivas escuelas para dialogar sobre la aportación de las ciencias sociales al estudio del Jesús histórico. Estos autores presentan a Jesús como un militante del cambio social. Su vida y su predicación deben entenderse en el marco concreto de la sociedad galilea del siglo primero. Desde el punto de vista económico, social y político, Galilea vivía bajo la explotación de las clases gobernantes, que acumulaban tierras y ejercían una enorme presión con sus impuestos. Esta situación explica que en aquel tiempo surgieran en Palestina diversos movimientos de renovación social. El de Jesús fue uno de ellos, y su objetivo fue promover una renovación radical de las relaciones sociales. Horsley, Theissen y Malina podrían estar de acuerdo en estos rasgos generales de la imagen de Jesús, pero difieren en la forma de entender su estrategia. Horsley insiste en el protagonismo de las comunidades campesinas. Jesús quiso promover a través de ellas una ética radical basada en el amor a los enemigos, el perdón de las deudas y la supresión de las estructuras patriarcales. Sus enseñanzas trataban de producir una revolución desde abajo cuyo objetivo era la transformación de las estructuras sociales. Theissen, por su parte, concede gran importancia al grupo de los discípulos más cercanos a Jesús, y parte de las tradiciones que revelan la existencia de este grupo de profetas itinerantes radicales. Este grupo cercano llevaba un estilo de vida que se caracterizaba por la renuncia a la familia, a las posesiones e incluso a la autodefensa, y anunciaban un mensaje coherente con dicho estilo de vida. Junto a ellos existía en las comunidades locales un círculo de simpatizantes que apoyaban el movimiento con su hospitalidad y sus bienes; ambos grupos promovían un proyecto de transformación social, del que ha quedado constancia en la tradición de los dichos de Jesús. Finalmente, Malina sitúa el anuncio del reinado de Dios y la actuación de Jesús en el marco de la religión política, como una respuesta a la situación social generada por la actuación de la aristocracia local. A diferencia de lo que ocurrió en otros lugares del Imperio, en Palestina la aristocracia local desatendió la obligación de proporcionar su patronazgo al resto de la población y se dedicó a acumular tierras y posesiones. El anuncio de Jesús, que presenta a Dios como Padre-patrón de su pueblo, es la respuesta a esta situación concreta, y trata de suscitar en el pueblo la esperanza ante la llegada inminente de dicho reinado de Dios. Esta visión de Jesús tiene el gran valor de ambientar su vida y su predicación en la situación política y social de Galilea, y está basada en un mejor conocimiento de los movimientos intrajudíos de reforma social de aquel tiempo. La imagen de una Palestina pacificada y tranquila durante el reinado de Tiberio parece no responder a la realidad cuando ésta se mira más de cerca. Esto es precisamente lo que nos han ayudado a hacer los autores que ha insistido en la dimensión social de la predicación y las acciones de Jesús. Sin embargo, como las demás, esta es también una imagen parcial, que debería completarse teniendo en cuenta la experiencia religiosa de Jesús, que no se deja reducir fácilmente a factores sociales.

Santiago Guijarro Oporto

Acerca de Abad Husita

Teologo, Educador. Clerigo. Sacerdote Religioso Husita. Vivi hace muchos siglos, mi antecesor fue Juan Hus... y la Estrella de la Reforma... despues vino nuestro celebre Calvino.

Publicado el septiembre 23, 2008 en Cristo/Cristologia, Critica Protestante, Cultura, Ecumenismo, Educacion, Filosofía, Nuevas Tendencias, Religion y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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